sábado, 21 de febrero de 2009

A veces llega la brisa a la cara

A veces te ves invisible. A veces sientes el peso del mundo justo al lado, sin rozarte, dejándote fuera de la tierra de todos. A veces te descubres como el espectador abandonado que sueña con ser el punto al que miran los actores, la butaca a la que dedican su actuación. Y te complaces, y te sientes especial, y te descubres siendo alguien. A veces recuerdas que esa atención es sólo un espejismo, que no eres tú, el espectador pasivo, el punto de atención, que esa mirada está llena de la luz de los focos y tú, espectador complaciente sentado en la butaca, eres invisible. A veces, el espectador invisible reconoce que no quiere la butaca, quiere el escenario y deslumbrarse con la luz de otro espectador invisible...

Pero a veces, cuando el espectador invisible es invisible hasta para sí mismo, llega un soplo de brisa; una risa que le zarandea; un mensaje que le viste de colores. Y el espectador invisible ya no es espectador, ya no es invisible. Es el actor en su butaca, el espectador de las luces de la magia de la invisibilidad visible.